Una de las cosas maravillosas que poseemos los humanos, a pesar de no ser de mucho uso en estos tiempos, es la habilidad de reflexionar. A pesar de que la afirmación anterior parece obvia, en estos días postmodernos es necesario hacer pausas y reconocer nuestro entorno.
Digo esto no por el somnífero afán de sermonear, sino por contarles (y más que contar, pensar en voz alta) algunas de mis reflexiones sobre lo que estamos viviendo política y socialmente en nuestra patria. Fíjense que adrede obvié el calificativo “jurídico” que pareciese el más correcto según mi posición; ya tendremos ocasión de explicarnos mejor.
La semana pasada retomé mis actividades académicas en nuestra amada UC, en la cátedra que a bien nos toca dirigir, Derecho Constitucional. Juro que pasé gran parte de las fiestas decembrinas pensando que iba a decir en clases acerca de lo que actualmente vivimos: ¿Cómo explico una propuesta de enmienda que no debió ser siquiera tomada en cuenta? ¿Cómo les digo a mis alumnos que lo que vemos en el salón de clase no se parece (ni en juego) a lo que sucede en la vida real?
El día pautado para clases llegué preocupado pero firme, dispuesto a ser franco y sincero. A veces, uno se contiene de expresar toda la profundidad de alguna cosa, para evitar una sobrecarga de información y hacer nacer una serie de inquietudes que todavía no corresponden. Pero ese día decidí hacerlo de una manera distinta, ese día decidí que debía mostrar mis verdaderos pensamientos (y temores) sobre lo que estamos viviendo; no puedo subestimar el criterio de los universitarios.
Obviamente esto no es una clase de Derecho ni pretendo que sea así. Pero les resumiré a todos aquellos que han llegado hasta aquí, que dije y que voy a seguir diciendo hasta que tenga una hebra de fuerza en mi corazón:
- La propuesta de enmienda es inconstitucional. El 2 de diciembre de 2007 el pueblo dijo que NO. Eso creó lo que llamo (nomenclatura mía) una “cosa juzgada política”, es decir, es un tema que no puede volver a ser discutido de nuevo durante el mismo periodo constitucional. Lo que se propuso en esa época (que incluye el mecanismo de reelección sin límite temporal) fue rechazado y no puede ser planteado de nuevo, BAJO NINGÚN MECANISMO DE TRANSFORMACIÓN CONSTITUCIONAL.
- Argüir que no es una reforma sino una enmienda es un eufemismo malsano. Cuando se nos dice que si se puede por la vía de la enmienda transformar la Constitución, luego de haber sido rechazado el contenido de la propuesta de reforma pasada QUE INCLUYE EL MISMO CONTENIDO, se nos está mintiendo descaradamente y ello no tiene otro objetivo que revestir de legalidad una propuesta que fue negada categóricamente.
- En Europa existe la reelección indefinida sólo en algunos sistemas parlamentarios. Esto es uno de los más arteros postulados que he revisado: la reelección indefinida para el poder ejecutivo se produce en algunos países de Europa debido a que su diseño constitucional se basa en un sistema parlamentario, es decir, que el eje en torno al cual gira la actividad estatal es el órgano legislativo. Nada más alejado de nuestra realidad, nosotros vivimos bajo un esquema presidencial con ánimos centralistas y autocráticos. Intenten proponer en un sistema parlamentario que los representantes puedan postularse una y otra vez sin ningún límite temporal… La respuesta sería obvia…
- Lo que verdaderamente vulnera la propuesta de enmienda no es el principio de alternación, la enmienda atenta contra los cimientos de la democracia como sistema. Muchos de mis maestros y amigos han planteado la necesidad de luchar en contra de la enmienda debido a que el principio de mandatos alternativos se ve afectado por la propuesta del Presidente de la República. Comparto a medias dicha afirmación; con mucho respeto les digo que lo verdaderamente afectado por esta enmienda es el modo de vida democrático que nos dimos en el año 1936, reiterado en 1945 y 1961, para luego ser reformulado (con visos de vanguardia) en 1999. A veces creemos que vivimos en democracia porque tenemos elecciones cada cierto tiempo (¡¿?!), hay partidos políticos y una esfera de discusión política. Eso es sólo un pequeño aspecto de la democracia: la democracia mis amigos es una forma de vida, que se respira y se practica cada día; no se es demócrata de a ratos… Es una manera de ver y vivir la vida.
Con estas ideas fue que pude responder a las inquietudes de los universitarios, de todos los colores, de todas las tendencias; hasta los más reservados y tímidos tuvieron algo que decir o pensar. Puede que usted que lee estas líneas no piense igual que yo, pero le aseguro que sería incapaz de señalarle o excluirle por pensar distinto.
Más adelante haré algunas ampliaciones de estos pensamientos en voz alta que hago hoy, con diversas precisiones históricas que me gustaría rescatar para ustedes y que sirvan de piedra angular para levantar su propio criterio.
¡Libertad e Igualdad!

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