miércoles, 4 de febrero de 2009

Reflexiones III. La responsabilidad decenal

We think we've come so far
On all our lies we depend
We see no consequence
This is the beginning of the end.
(Nine Inch Nails, The beginning of the end; 2007)

Diez años…
El lunes pasado fue feriado. ¡Es que hasta la capacidad de asombro se le acabó a uno! Nuestro Jefe de Estado en medio del paroxismo de un juego de softbol, comprendió que era necesario celebrar los diez años de la “revolución”; para celebrar semejante hazaña histórica, nada mejor que IMPONER un día feriado, para que todos por igual podamos disfrutar de las mieles de la victoria.
Recordé ese día festivo las clases de Obligaciones (tres pares de años atrás), que comenzaban a las 7am y a la cual llegaba tarde siempre, bajo la mirada inquisidora de mi amiga, profesora y madrina (en ese mismo orden) Rebeca Castro. Sus clases le han enseñado a una generación a razonar como abogados y que toda situación en nuestra vida posee trascendencia jurídica. Y ese pretérito lunes gozoso, intuí que lo que celebrábamos con fruición tenía vida en las palabras de mi antigua profesora.
Hoy comenté entre varios de mis amigos (nóveles profesores universitarios) lo que se conoce en el mundo del Derecho Civil como la responsabilidad decenal: esta figura es una especie de la responsabilidad civil contractual, que tiene por objeto proteger al propietario de una obra importante, frente a la ruina de ésta por vicio de construcción o del suelo; de esta manera, quien es propietario de un edificio de jerarquía, puede reclamar a quien tenía el deber de construir y lo hizo mal, y dicha responsabilidad es de diez años (1.637 Código Civil). Argüí que esta figura nos permite explicar (con las obvias diferencias del caso) lo que sucede ahora.
Con atrevimiento (y a despecho de los profesores de derecho privado) sostuve que este "arquitecto" nos arruinó el edificio. La nefasta negación de una sociedad justa y amante de la paz, democrática y pluralista (Artículo 3 Constitución Nacional) es el vicio de la obra. La intolerancia y el fanatismo idiota están sembrados en el alma del venezolano de ahora, anidados en nuestro pensamiento y acción. Mutatis mutandi, el "arquitecto" de la obra nos ha fallado; esa sociedad, como lo preceptuó el constituyente soberano de 1999, que se debía erigir está viciada… Vicios éstos que no son nuevos, son una proyección aumentada de lo que vivimos en los 80 y 90. Son diez años de ver con tristeza como se castiga a quien piensa distinto, de sufrir en carne propia los embates de la inseguridad, de ver a nuestros familiares en manos del hampa, de ver al Derecho torcido, de presenciar el ascenso de una nueva clase dominante burguesa, de sentir como se nos escapa la riqueza petrolera cual arena en las manos, de ver como cada quincena nuestro sueldo se minimiza cual ventana de Windows. Y quieren que celebremos. Señores, la obra que debió ser levantada esta arruinada.
Imposición. Esa es la clave del asunto. TUVIMOS que celebrar: se nos constriñó a la festividad. Si a alguien le quedaba alguna duda del espíritu autocrático, atropellador y antidemocrático de este régimen, creo que ya tiene su prueba. Fue un día feriado porque a ÉL le dio la gana, no hay ninguna otra explicación para eso. Diez años de preámbulo para el broche de oro: esa noche el "arquitecto" le comentó a CNN que ahora vienen diez años más.
Me pregunto: ¿será esa la verdadera enmienda? ¿Es el aumento del período constitucional a diez años y su reelección ad infinitum lo que esconde el eufemismo de la “ampliación de los derechos políticos”? Lo que se pone en juego el 15 de febrero no es juego, si me permiten la triste travesura de palabras. Estamos decidiendo el futuro de nuestra sociedad tal como la ansiamos.
Pido al verdadero Arquitecto (ponga el nombre del Dios de su preferencia, se lo respeto) que nos permita un espacio para la democracia y que estemos en presencia del principio del final. Que gobierne la mayoría, pero siempre respetando y amparando a la minoría. Que podamos construir juntos, pensando distinto, pero juntos, la sociedad justa y amante de la paz que nos merecemos.
Diez años… ¿NO?

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